sábado, 2 de marzo de 2013

DMT-La Molecula Espiritual (Documental)



En este interesantísimo documental, podemos ver esbozadas diversas teorías sobre por qué el cerebro genera DMT(Dimetiltriptamina) y qué es lo que hace esta sustancia (uno de los misterios más grandes de la neurociencia moderna).
Por una parte el DMT es molecularmente similar a la serotonina y cumple con todas las condiciones para ser un neurotransmisor. Pero esto no responde a la pregunta de por qué está ahí el DMT y qué está haciendo (no ayuda que sea ilegal estudiarlo).
El Dr. Rick Strassman cree que el DMT podría ser sintetizado en la glándula pineal, ya que ésta tiene todas las enzimas y los precursores necesarios para hacerlo (Dennis Mckenna dice que en realidad todos los seres vivos de la naturaleza en teoría tienen las bases químicas para sintetizar DMT y que este podría ser el elemento básico del lenguaje de la naturaleza).
La glándula pineal históricamente es el centro espiritual del organismo humano, asiento del tercer ojo. El mismo René Descartes, padre del racionalismo, escribió que la glándula pineal 'secreta espíritus', algo que fue recibido como un desvarío, pero que a la luz de la nueva ciencia podría ser un momento de suma claridad. Strassman cree que es posible que la secreción de DMT vaya de la mano de las visiones religiosas reportadas por místicos desde los albores de la historia. En el documental incluso se explora una interesante posibilidad: que la glándula pineal controle la entrada y salida del espíritu al cuerpo; esto explicaría la similitud entre las experiencias cercanas a la muerte y los viajes de DMT. Esto se refuerza ante el hecho de que la glándula pineal se detecte en el feto humano a la séptima semana, lo que es equivalente a los 49 días que -se dice en el Bardo Thodol (Libro Tibetano de los Muertos)- tarda un alma en reencarnar.
El hermano de Terence Mckenna, Dennis nos encamina a otro aspecto notable del DMT, su incomparable capacidad de producir visiones religiosas de unidad cósmica. Mckenna dice que es una "pastilla instántanea de supremas realidades metafísicas" y que el ser humano tiene un "detector de la divinidad en el cerebro"
La liberación de esta molécula, se ve incrementada por la glándula durante el estado de sueño, estados de meditación y las experiencias cercanas a la muerte. Cada caso mencionado, es cuestionado por los escépticos como un fenómeno físico-químico limitado al órgano cerebral. Sin embargo, no existen al momento hipótesis válidas que relacionen el por qué de la liberación de DMT (y la consecuente formación de imágenes) en los estados cercanos a la muerte.
Tal como lo reconoce Rick Strassman, célebre protagonista en exhaustivos estudios de los efectos de la DMT en humanos, la glándula pineal no sería más que el sexto chakra o ajna del cual habla la tradición védica, la ventana de Brahma que se nombra en el hinduismo, el ojo celestial del cual hablan los antiguos chinos, el palacio Niwan que los taoístas conocen o el "asiento del alma" que Descartes exponía. En cualquiera de los casos, la ciencia y la realidad parecen haber encontrado un posible punto de roce en un espacio milimétrico, extraviado justo en el centro del cerebro.
El DMT o Dimetiltriptamina, es un poderoso psicoactivo, el cual se encuentra presente en muchas plantas e incluso es producido en pequeñas cantidades por el cerebro humano y animal, es la responsable de generar desde los sueños hasta estados de conciencia alterados, liberando a la mente de muchas de las barreras psicologicas que va creando durante la vida del ser humano, abre las puertas a experiencias tan potentes que quienes lo han probado dicen que nunca volvieron a ser los mismos.
El DMT es un alcaloide presente en muchos tipos de plantas europeas y asiáticas como la Acacia, Mimosa, Virola y en algunas plantas sudamericanas con las que se prepara el Yopo y la Ayahuasca. Su nombre químico es Diemetriltriptamina y sus efectos se presentan de forma rápida y son de corta duración por lo que en los años 60 se le bautizó con el nombre de Businessman´s trip (el viaje del hombre de negocios)
El DMT fue sintetizado por primera vez en 1931 y sus características alucinógenas se descubrieron en 1956, pero esta droga también se produce en nuestro cerebro de forma natural durante los estados de ensoñación. Todas las culturas ancestrales descubrieron maneras muy parecidas de utilizarlo y para todas ellas el DMT suponía la puerta de acceso a otros planos de existencia, otras dimensiones donde el tiempo y el espacio se colapsan.

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Partícula Dios o partícula de Dios? Implicaciones filosóficas y teológicas


06.02.13 - Mundo

Leonardo Boff
Teólogo, filósofo y escritor
Adital
Desde los años 60 del siglo pasado, los físicos teóricos se planteaban esta pregunta: ¿cómo pudieron las partículas elementales sin masa que surgieron con el big bang, ganar masa después de fracciones de billonésimas de segundo? ¿Cuál fue la partícula o campo energético que confirió masa a las partículas virtuales haciendo así irrumpir la materia que compone todo el universo?
Sabemos, y lo hago de forma extremadamente pedestre, que la materia (según Einstein energía altamente condensada) está compuesta por partículas elementales: topquarks y leptones. Cuando estos se unen dan origen a los protones y a los neutrones. Estos, a su vez, se unen y forman el núcleo atómico. Leptones, de carga negativa, son atraídos por el núcleo atómico, con carga positiva, y juntos forman los átomos. Todos los seres que existen se componen de átomos.
Por tanto, los topquarks y leptones son los ladrillitos básicos con los cuales estamos construidos nosotros mismos y todo el universo. Junto con estas partículas elementales operan las cuatro fuerzas originarias que ordenan todo el universo, cuya naturaleza la ciencia todavía no ha conseguido descifrar. Ellas, la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y fuerte, actúan conjuntamente y responden de la expansión, ordenación y complejización de todo el proceso cosmogénico.
Peter Higgs (1929-) un tranquilo investigador de física teórica de la universidad de Edimburgo en Escocia, sugirió que debería existir una partícula, un bosón o un campo energético, responsable de la masa de todas las partículas. El físico Leon Lederman (Nobel de Física) la llamó partícula de Dios. Otros la denominaron partícula Dios, por ser la creadora de toda la materia del universo.
¿Qué sería ese bosón de Higgs o campo de Higgs? Los físicos lo imaginan como un fluido viscoso finísimo que llena todo el universo, a semejanza del éter de Aristóteles y de la física clásica. Cuando las partículas elementales sin masa, puramente virtuales, tocan ese bosón o interaccionan con el campo Higgs sufren resistencia, son frenadas, presionadas y consolidadas y de esta manera ganan masa y peso.
El 4 de julio de 2012 en el Gran Colisionador de Hadrones, entre Suiza y Francia, después de acelerar partículas que colisionan casi a la velocidad de la luz, los científicos del Consejo Europeo de Investigación Nuclear (CERN) identificaron una partícula que cumple las características atribuidas al bosón de Higgs. Se supone que sea él u otra partícula similar, pero que efectivamente confiere masa a las partículas elementales.
Esta verificación confirma el modelo estándar del universo originado por el big bang; de ahí su importancia.
¿Pero cómo entra Dios en todo esto? Si dijésemos que esta partícula es Dios, seguramente la teología no lo aceptaría, pues haría de Dios una parte del universo. Dios es más. Es aquella Energía de Fondo, aquel Abismo posibilitador y sustentador del universo, que antecede al big bang. El estaría más allá del «muro de Planck», el límite infranqueable, anterior al tiempo cero, a partir del cual en 10 elevado a la potencia -43 segundos después del big bang habría surgido la materia del universo. Detrás de este muro se esconde aquella Energía poderosa y amorosa que origina todo, inalcanzable para la física pero accesible para la mística.
Si dijésemos que el bosón de Higgs es la partícula de Dios podemos aceptarlo teológicamente; sería el medio por el cual Dios traería las partículas materiales a la existencia y así todo el universo: un acto exclusivamente divino. Esa es la ontología originaria de Dios. La partícula de Dios nos muestra cómo se crea todo lo que nos es dado ver. Filosófica y teológicamente diría: ella nos revela cómo Dios hizo surgir el mundo. Y ese acto no es un acto del pasado, sino que se realiza en cada momento y en todas partes del universo y también en nosotros que estamos a merced de esta partícula de Dios. En caso contrario, todo dejaría de ser, volvería a la nada. Como la creación es continua, aquí estamos.
[El libro El Tao de la Liberación: explorando la ecología de la transformación, de M. Hathway y L. Boff, ha sido premiado en 2010 en Estados Unidos con la medalla de oro en Ciencia y Cosmología.
Fuente: Servicios Koinonía].

ELIZABETH KÜBLER ROSS - PSIQUIATRA

La creencia en la posibilidad de otra existencia después de la vida física, ya no es patrimonio de algunas religiones, de crédulos, ignorantes o, de grupos espiritistas. La Dra. Kübler llegó al convencimiento de que puede ser una realidad. La ciencia médica, especialmente entre psiquiatras y psicólogos, mediante las terapias regresivas, cada vez está más cerca de poderlo demostrar.

La Dra. Kübler a lo largo de su vida, impartió numerosas conferencias en muchos países. También estuvo de Barcelona, donde un nutrido grupo de médicos y sanitarios especializados en enfermos terminales, acudió para escucharla. 

Uno de sus libros más conocidos es "La rueda de la Vida".

CONCEPTO ESPÍRITA DE EDUCACIÓN

J. Herculano Pires  
Encarada en una perspectiva espírita, la Educación nos presenta dos aspectos fundamentales: es el proceso de integración de las nuevas generaciones en la sociedad y en la cultura del tiempo, pero también es el proceso de desenvolvimiento de las potencialidades del ser en la existencia, con vistas a su destino trascendente. Cada ser trae consigo, para cada existencia, los resultados de su desenvolvimiento anterior, en existencias pasadas. Estos resultados se encuentran en estado latente en su inconsciente, pero desde los primeros años de vida comienzan a revelarse en sus tendencias y en el conjunto de las manifestaciones de su temperamento. Cabe a los padres y a los educadores observar estas señales y orientar su ajuste a las condiciones actuales, corrigiendo las deficiencias y las exageraciones en la medida de lo posible y al mismo tiempo propiciando nuevos desenvolvimientos en la actual existencia.

El niño encarna al ser con todas sus potencialidades morales y espirituales, pero su instrumento de manifestación, el cuerpo físico, no se presenta en condiciones inmediatas de manifestar en plenitud su estadio evolutivo. El ser está sujeto, inicialmente, a las condiciones biológicas de la especie. Sólo a través del desenvolvimiento orgánico el ser se definirá en sus características individuales y revelando su capacidad de ajuste social y cultural, como también sus posibilidades de auto-superación moral y espiritual.

Podremos así establecer el esquema de su evolución existencial según las fases generalmente admitidas en el plano pedagógico: el ser biológico se complementa en el ser social, éste en el ser moral y éste en el ser espiritual. Compete a la Educación auxiliarlo en ese desenvolvimiento progresivo y orientarlo hacia nuevas conquistas en futuras existencias. La Educación Espírita no puede restringirse a los fines inmediatos del proceso educativo, que caracteriza las formas pragmáticas de la Educación del pasado y del presente. Sus fines superiores consisten en el desenvolvimiento de toda la perfectibilidad posible del ser, como quería Kant.

El concepto espírita del hombre nos muestra al ser en la existencia con dos formas corporales y dos destinos inter-relacionados. El cuerpo físico es su instrumento de vivencia terrena, pero el cuerpo espiritual o periespíritu es el organismo etéreo del cual debería servirse en la  continuidad superexistencial de esta vivencia. Esta dualidad-relativa del hombre, de la cual trata Rhine, se manifiesta también en su estructura mental. De acuerdo con el descubrimiento de Frederich Myers, hoy más válida que en su tiempo, tendremos la mente supraliminal y la mente subliminal. La Psicología Profunda y la Parapsicología confirmaron las conclusiones de Myers en este sentido. No habrá más ninguna posibilidad de dudas al respecto.

Procuremos dejar este problema bien claro. En nuestra vida diaria verificamos que existe un límite definido para nuestra mente, que funciona en relación permanente con el exterior. Captamos las sensaciones del mundo por nuestros sentidos orgánicos — el tacto, la audición, la visión, el olfato, el gusto etc. — y con estos datos sensoriales elaboramos nuestra visión del mundo y establecemos nuestras relaciones con el medio físico y el medio social en que vivimos. La estructura mental que resulta de esta elaboración es lo que generalmente llamamos mente, formada por las categorías de la razón, hoy consideradas como formas dinámicas de la experiencia. Esta es la mente de relación, que establece la relación con el mundo y con los otros. Pero cuando dormimos y soñamos, o cuando nos distraemos, cuando huimos de la realidad en un instante de ausencia psíquica, o cuando actuamos impulsivamente, llevados por alguna emoción, notamos que hay en nosotros algo más que esta mente disciplinada. Percibimos, vemos, sentimos y actuamos fuera de los límites de la razón y por lo tanto de la mente.

La división hecha por Myers corresponde a las meditaciones del consciente e inconsciente del Psicoanálisis. Pero mucho antes que Freud y Myers ya Kardec colocaba el problema en El Libro de los Espíritus, al tratar de las manifestaciones anímicas en el campo de la mediumnidad y al investigar el fenómeno de la independencia del alma durante el sueño. Freud tenía apenas un año de edad cuando este libro fue publicado. Así, las teorías de Freud, Myers y todos los demás sólo hicieron confirmar la teoría espírita. Esta mente que se revela como algo más profundo que la mente de relación es la que podemos llamar mente de profundidad. Sus categorías son mucho más numerosas y más ricas que las de la mente de relación.

Podemos ahora comprender con más claridad la teoría de la mente supraliminal y de la mente subliminal formulada por Myers. Nuestra mente de relación reposa sobre una especie de suelo, debajo del cual se encuentra la mente de profundidad. Por esto Myers llamó mente de  relación de consciencia supraliminal y la mente de profundidad de consciencia subliminal. La primera está sobre el limial de la consciencia y la otra debajo de este limial. Cuando sentimos un impulso inconsciente o tenemos un presentimiento, hubo una invasión, según Myers, de la mente de relación por las corrientes psíquicas del pensamiento y emoción de la mente de profundidad. Hay una relación constante entre las dos formas mentales. Esta relación aumentará en la proporción en que se desenvuelve el ser, en que su evolución dará mayor flexibilidad a su estructura mental. Es esto lo que hoy permite la investigación científica de la reencarnación.

De esta manera la Educación Espírita no puede limitarse a la mente de relación, puesto que ella sólo representa un momento del ser. Dewey señaló que la Educación existe en función de la muerte. Si no muriésemos no precisaríamos de este proceso, toda vez que la cultura no sufriría solución de continuidad. Pero la muerte sustituye unas generaciones por otras y cada nueva generación será heredera de la cultura elaborada por la anterior. Recibe esta herencia a través de la Educación y la reelabora según sus nuevas disposiciones, su nueva manera de encarar al mundo. Si Dewey hubiese tenido la visión espírita de René Hubert agregaría que la Educación existe en función de la reencarnación. Vemos, gracias a la reencarnación, que el desenvolvimiento del ser no es continuo, sino discontinuo. En cada existencia terrenal el ser desenvuelve ciertas potencialidades, pero la ley de la inercia lo retiene en una posición determinada por los límites de la cultura en que se desenvolvió.

Con la muerte corporal él regresa al mundo espiritual y tendrá una nueva existencia en este mundo. La muerte rompe su condicionamiento terreno y él podría entonces verificar que los límites a que llegara eran apenas temporales. Fuera del tiempo y del espacio físico sus percepciones se amplían y el ser comprende que su perfectibilidad — su capacidad de alcanzar la perfección — no tiene límites, o por lo menos los límites terrenos. Volviendo a una nueva encarnación el ser podrá reiniciar con más eficacia el desenvolvimiento de su perfectibilidad. Pero si no recibiere en la vida terrenal los estímulos necesarios podrá sentirse nuevamente preso a la condición de la vida anterior en la Tierra, estacionando en una repetición de estadio. Es esto lo que se llama círculo vicioso de la reencarnación. La Educación Espírita tiene por función evitar que el ser vaya a caer en este círculo.

Podremos ahora comprender mejor el concepto interexistencial del hombre. La criatura humana, en esta existencia, no está sujeta apenas  al plano existencial terreno. Ella existe en el aquí y en el ahora, pero trae consigo la mente de profundidad que conecta a la existencia espiritual de la cual proviene. En las horas de vigilia el ser humano vive esta existencia, pero en las horas de sueño su cuerpo espiritual permite y hasta determina su constante relación mediúmnica con los seres existentes en otra dimensión de la realidad. Vivimos entre dos existencias y no sólo en una, como supone la ilusión materialista. No somos apenas lo existente de la concepción existencialista, somos el interexistente de la concepción espírita. El concepto de alienación atribuido a las religiones por los materialistas y pragmáticos es así devuelto a ellos. No será alienado el ser que interexiste, pero sí aquel que apenas existe, que piensa poder vivir únicamente la existencia pasajera de la Tierra.

Pero mientras las religiones hacen de la vida espiritual un misterio envuelto en la magia y el misticismo — lo que al menos en parte da la razón al concepto de alienación del materialismo — el Espiritismo revela que la vida espiritual es natural y no sobrenatural y debe ser encarada con el mismo realismo de la vida terrenal. Las Filosofías Existenciales, en nuestro tiempo, definen la vida como subjetiva y reconocen que su objetivo es la trascendencia. No vivimos orgánicamente, sino de manera psicológica. Vivimos de aspiraciones, de interpretaciones de la realidad, de sueños y muchas veces de ilusiones. Son nuestros pensamientos y sentimientos, nuestras emociones y nuestros deseos los que determinan nuestro comportamiento. Por esto la realidad nos sorprende y nos decepciona. Sabemos que tendremos que morir, pero nuestra intuición interior nos dice que no moriremos. Sin los datos espíritas al respecto de la realidad global de nuestro ser y de nuestra posición en el mundo no sabríamos equilibrar esta contradicción de la mente de relación. En el proceso educativo la Religión debería ejercer la función equilibradora, mientras que no la ejerce en virtud de los contrastes a los cuales se encuentra presa. Su posición contraria a la de la Ciencia establece los conflictos de la educación lega con la educación religiosa. La Educación Espírita, fundada en la Ciencia Espírita, elimina estos conflictos y nos lleva al campo de la Educación Integral. Se habla hoy de Educación Permanente. La Educación Espírita no es sólo permanente, continua, sino sobretodo integral.

La dualidad expresada en los conceptos de objetivo y subjetivo no será conflictiva, sino complementaria. Cada uno de esos conceptos nos da una cara de la realidad total. Es lo que ya vimos en la constitución del hombre, de sus cuerpos y de su estructura mental. Georges  Kerchensteiner ubica este problema en el campo de la cultura y nos señala lo siguiente: toda cultura se divide en dos planos, el objetivo y el subjetivo. La cultura objetiva se concretiza en los planos de las obras y de las realizaciones materiales, constituyendo por así decirlo el cuerpo físico de las civilizaciones. La cultura subjetiva se constituye de las ideas, de los principios, de las aspiraciones de cada civilización. Es su alma, su espíritu en ella encarnado. Ernst Cassirer nos muestra que esta alma impregna la cultura objetiva, de manera que de las obras materiales de una cultura muerta podemos hacer resucitar su espíritu, como aconteció, por ejemplo, en la resurrección de la cultura greco-romana durante el Renacimiento.

Una Educación que no tenga en consideración estas realidades históricas y culturales está condenada a agotar su contenido y morir. La Educación no actúa apenas en el plano individual, sino también en el plano colectivo. La suma de los procesos educativos de cada civilización resultará siempre en una síntesis que tenderá a aplicarse cada vez más intensamente a toda la Humanidad. La Educación Cristiana reveló esta tendencia a la universalización, pero sus esfuerzos fueron obstruidos por la oposición del formalismo religioso de las iglesias cristianas al desenvolvimiento científico. Por esto ella fue superada por la Educación Laica. La Educación Espírita ahora se impone como la síntesis de ese conflicto entre la Religión y la Ciencia. Su capacidad de armonizar los datos de la Religión con los datos Científicos le permite responder plenamente a las exigencias de nuestro tiempo, en el momento exacto en que la pesquisa científica rompe los grilletes del materialismo y supera el agnosticismo kantiano, demostrando que el hombre dispone de condiciones mentales para conocer más allá de los límites de la realidad sensorial.

El sentido trascendente de la Educación Espírita no tiene las implicaciones salvacionistas de las formas de Educación Religiosa del pasado y del presente. El concepto espírita de trascendencia es puramente racional. La proposición de Karl Jaspers sobre las dos formas de trascendencia humana, la horizontal y la vertical, corresponde a la interpretación espírita. El hombre, como un ser cerrado en si mismo, se abre en la transcendencia horizontal a través de la comunicación, proyectándose en el plano social. Su apertura hacia la transcendencia vertical comienza en la superación de la moral cerrada de Bergson, proyectándose en la moral abierta y alcanza su mayor impulso en la búsqueda de Dios, a través de la religión racional, donde fe y razón se conjugan. El problema místico de la salvación personal se sustituye por  el de la evolución colectiva, puesto que la salvación espírita consiste en la espiritualización de todos los seres humanos. El proceso evolutivo del ser, considerado como irreversible, abarca a todos y sustituye el concepto del pecado por el de error, que siempre será corregido en la sucesión natural de las reencarnaciones.

La Educación Espírita restablece y renueva la concepción de la bondad innata del hombre, de Rousseau, como también el de la caída social, colocando el problema de la redención en términos educativos. Será por la Educación, sustenta Kardec, que podremos reformar al hombre y al mundo. La Religión se encara como una forma especial de Educación, aplicada en todos los tiempos en el sentido de arrancar al hombre de la animalidad y conducirlo a la humanización, por el desenvolvimiento progresivo de su perfectibilidad posible, llevándolo a la espiritualidad. Esa posición espírita es hoy respaldada por la tesis de Hubert, según la cual el fin principal de la Educación es implantar en la Tierra una República de los Espíritus, fundamentada en la solidaridad de consciencias. El concepto de Dios no es antropomórfico, sino cósmico. Dios es lo Absoluto y solo lo podemos comprender en la forma supuesta de una Inteligencia Suprema que creó, sustenta y dirige al Universo, siendo al mismo tiempo inmanente, por la manifestación de su inteligencia en todas las cosas, y trascendente, por la superación del mundo relativo en que evolucionan las cosas y los seres. La reencarnación es una ley natural y universal, un aspecto de la ley general de la palingenesis, puesto que todo se renueva constantemente en todo el Universo, en el proceso de generación y corrupción ya previsto por Aristóteles.

Enseñanza, proceso de información e instrucción, y Educación, proceso de formación moral y espiritual, constituyen las coordenadas de la Doctrina Espírita y señalizan la práctica doctrinaria en todos sus aspectos. Bastaría esto para demostrar que el Espiritismo ocupa, en el mismo campo del Conocimiento, una posición de síntesis. Sus aspectos fundamentales de Ciencia, Filosofía y Religión se encuentran y se funden en el delta de la Pedagogía, para lo cual confluyen todas las aguas de la Cultura. Examinemos mejor esta cuestión. En el campo del conocimiento la Ciencia nace de la práctica, del hacer del hombre en el mundo; la Filosofía brota de la razón, del pensar del hombre sobre el mundo; la Religión surge de la afectividad, del sentir del hombre en su vivir en el mundo. Estas tres provincias del Conocimiento forman la unidad del conocer y por esto no pueden estar en conflicto, puesto que sus controversias quiebran la unidad del Espíritu, confunden la Cultura y  tornan conflictiva la Civilización. Consecuencia inevitable será el conflicto en el campo educativo. La unidad conceptual y estructural del Espiritismo devuelve la unidad del conocer al hombre y restablece la armonía en el campo de la Educación.

Esta era la misión del Cristianismo. Pero el mismo Cristo nos advirtió que ella sólo podría ser realizada en el tiempo, en la proporción en que la evolución espiritual del hombre lo llevase a las condiciones necesarias. De ahí su promesa de enviarnos al Espíritu de la Verdad, que nos conduciría a toda la Verdad, permitiéndonos la comprensión total de su enseñanza. La expresión Espíritu de la Verdad es simbólica. Representa en el Evangelio aquello que John Murphy, en su obra Origines e Historia de las Religiones, llama Espíritu de Civilización. Kardec, en el primer capítulo de La Génesis, explica el por qué el Espiritismo sólo pudo haber surgido a mediados del siglo pasado, cuando el desenvolvimiento científico y filosófico, la rebeldía del estancamiento teológico, permitió al hombre encarar los fenómenos espíritas como hechos naturales, susceptibles de análisis y explicación racional.

Cabe al Espiritismo completar la misión del Cristianismo. Cabe a la Educación Espírita devolver al Espíritu su unidad. La Ciencia, estremecida por su capacidad de investigación y producción, por el descubrimiento de la Técnica, se creyó capaz de esa tarea. Antes de ella el Catolicismo creó la unidad religiosa de la Edad Media, que jamás se completó y costó el elevadísimo precio del fanatismo y de la crueldad. Augusto Compte supuso que la aparente unidad medieval podría ser restablecida a través de la Ciencia, después del Renacimiento, y lanzándose a la aventura del Positivismo. Su intuición filosófica, nacida de aquel instinto espiritual al cual se refirió Kardec, y que está vigilante en nuestro inconsciente, lo llevó finalmente a la comprensión de la necesidad de una religión racional y a fundar la Religión de la Humanidad, que sería la Heredera del Catolicismo en el mundo moderno. La exigencia de la unión de la fe con la razón fue una constante del espíritu francés, como vemos por el episodio de la Religión de la Razón en la Revolución Francesa. Pero esa exigencia sólo podría ser atendida más tarde, a través de Kardec, con la Religión Espírita.

Vemos así que las connotaciones históricas y culturales justifican plenamente el desenvolvimiento natural de la Educación Espírita en la actualidad. Esta Educación, a su vez, exige la elaboración de las formas orientadoras de la Pedagogía Espírita. Es sintomático el hecho de  venirnos también de Francia el primer gran intento en este sentido, como el Tratado de Pedagogía General de René Hubert. Este tratado nos muestra que Hubert era espírita por intuición, en virtud del instinto espiritual que traía en su inconsciente. Su afirmación de que el espíritu es la ley del ser en la existencia y toda su posición en el trato de los problemas educativos lo coloca en una perfecta relación con el pensamiento espírita. Faltó a su obra el esclarecimiento del problema de la reencarnación y sus profundas implicaciones educativas y pedagógicas. Pero aunque no lo aborde de manera directa, Hubert lo aflora, como lo hizo también Kerchensteiner, el gran pedagogo alemán quien fuera, por así decirlo, el parcero europeo de Dewey en la reforma educativa de nuestro tiempo.

Según Kerchensteiner, la Educación es un acto inmanente y necesario de toda sociedad humana y no busca un objetivo natural que el hombre aislado pudiese alcanzar por si mismo, puesto que el ser espiritual no es un animal llevado a cierto grado de perfección, sino una síntesis original y única de los valores culturales, puesto que cada hombre organiza estos valores en su consciencia a su modo y conforme a su individualidad. Y concluye: La Pedagogía es una rama especial de las Ciencias del Espíritu y se funda en el concepto de cultura.

Esta interpretación sociológica de la Educación sobrepasa los límites estrechos de la Sociología actual al definir al hombre como ser espiritual. Por otro lado, la organización de los valores culturales en la consciencia, obedeciendo a un principio de individualización, requiere condiciones evolutivas que solamente el principio de la reencarnación podría explicar. Los medios culturales europeos — y esto fue anotado por Hubert en su tratado — no podrían aceptar la cuestión de las vidas sucesivas de manera pacífica. Kerchensteiner en Alemania y Hubert en Francia no podrían profundizar el problema del ser espiritual en términos pedagógicos. Pero el tiempo avanzó y surgieron entre nosotros las escuelas espíritas, dando nacimiento a la Educación Espírita como un acto inmanente y necesario de nuestra sociedad espírita. Ahora no hay apenas condiciones favorables, pero la exigencia imperativa de la elaboración de una Pedagogía adecuada al desenvolvimiento de esta nueva forma de Educación.

La Revista Educación Espírita procuró crear condiciones, desde 1970, para que pudiese surgir entre nosotros la respuesta necesaria al desafío de las escuelas espíritas. Por cuatro años circuló la revista y ni siquiera se esbozó la posibilidad de esa propuesta. Nos sentimos obligados a  esbozarla en este compendio, con la esperanza de estimular especialistas espíritas mejor dotados a contribuir con sus luces y sus experiencias hacia la orientación pedagógica de la Educación Espírita en nuestro medio. Además con la esperanza de ofrecer a las escuelas espíritas, de todos los grados de enseñanza, algunas sugerencias que pudiesen auxiliarlas en el desenvolvimiento de sus trabajos. El desconocimiento y la incomprensión del asunto son aún tan espantosos entre nosotros que nos animan en este audaz intento.
                                                                                                                                                                                                

From: Mari

domingo, 16 de septiembre de 2012

MUERTE, INCINERACION DE CADAVERES Y DONACION DE ORGANOS

Muerte
Existe diferencia entre la muerte física y la desencarnación ambas no ocurren simultáneamente. La persona muere cuando el cuerpo denso deja de  funcionar, admitiéndose hoy, para la caracterización del óbito, el concepto de muerte encefálica, llamada también muerte cerebral. La desencarnación  es otra cosa; el alma desencarna cuando se completa el desligamiento, lo que demanda algunas horas o algunos días.
Podemos valernos, así, del vocablo muerte y del verbo morir  y sus derivados, como Kardec hartamente utilizó (Ver el articulo "La muerte en la terminología espirita", El Inmortal de agosto/93, pág. 14)
Como nos dice André Luiz (Estudie y Viva, pág. 119): "Desencarnación es liberación del alma, muerte es otra cosa. Muerte constituye cesación de la vida, putrefacción, moho".
Fijando algunos conceptos  que son fundamentales sobre todo cuando tratamos de extracción de órganos  como el corazón, pulmón, hígado, riñones y páncreas, que, de acuerdo con el cardiólogo Ignacio Alfredo Fiorelli, coordinador de la Central  de trasplantes de la Secretaría Estatal de Saude de  S, Paulo, deben ser retirados  con el corazón del donador aun funcionando.
La muerte encefálica, descrita por primera vez en Francia, en la década de los 50, significa que las estructuras vitales del encéfalo, necesarias para mantener la conciencia  y la vida vegetativa, se encuentran  lesionadas irreversiblemente. En otras palabras, el tronco cerebral  no funciona, no existe la actividad cerebral, hay total ausencia de circulación sanguínea en el cerebro y el electroencefalograma mostrará el silencio eléctrico cerebral.
No confundirla con el estado vegetativo, pues en éste una parte del cerebro aun funciona, visto que la lesión habrá afectado a  una parte de las células neurológicas, más no a las estructuras del encéfalo.
El Consejo Federal de Medicina estableció, en 1991, a través de la Resolución número 1346, que la muerte encefálica  corresponde a un estado definitivo e irreversible de la muerte, pudiendo ser utilizada, sin cualquier duda, para la retirada de órganos para trasplantes.
La sepración del alma no se da instantáneamente; al contrario, ella se libera gradualmente y no como un pájaro cautivo que, de repente, encuentra la libertad. La enseñanza espirita es bien clara: rotos los lazos  que la retenian al cuerpo, el alma se libera. (L. E. 155)
Sin embargo hay, una curiosa e importante excepción a ese principio, como vemos en la cuestión 156 de El Libro de los Espíritus, en donde Kardec pregunta: ¿"la separación definitiva del alma y del cuerpo puede ocurrir antes de la cesación  completa de la vida orgánica?". La respuesta es la siguiente: "Algunas veces, en la agonía, el alma ya dejó el cuerpo y no hay nada más que la vida orgánica. El hombre no tiene  más conciencia de si mismo y, entre tanto, le resta aun un soplo de vida. el cuerpo es una máquina  que mueve el corazón; existe mientras  el corazón hace circular la sangre en las venas, y para eso no necesita del alma". (Vea a tal respecto la enseñanza contenida en el ítem 136- A del Libro de los Espíritus, donde se dice que la vida orgánica puede animar un cuerpo sin almas, más el alma no puede animar un cuerpo sin vida)
Cuando Kardec obtuvo esa respuesta no existía el concepto de muerte cerebral. El se reportaba entonces, con certeza, al coma profundo, con alguna actividad cerebral  o la propia muerte encefálica.  Ahora, si en la agonía eso puede darse, podemos deducir con razonable dosis de certeza que en la muerte encefálica el cuerpo es como "una máquina que el corazón mueve" y "para eso no necesita del alma".
André Luiz trata del tema en el cap. XVI, Mecanismos de la mente – Sección de la médula, de "Evolución en Dos Mundos", en el que nos dice:
"… después de seccionada la médula de un paciente se observa, de inmediato, la insensibilidad completa, el relajamiento muscular, la parálisis  y la eliminación de los reflejos somáticos  y vísceras, en todas las partes que reciben los nervios nacidos abajo del punto  en el que se causó el perjuicio."
Añade André que esa parálisis e insensibilidad proceden del desligamiento de las regiones del cuerpo espiritual, correspondientes en los tejidos orgánicos  y en el cerebro, como si fuese la retirada de la fuerza eléctrica  de determinado sector.
Concluye André: "Semejante desligamiento, sin embargo, no se verifica del todo, lo que acarrearía, en niveles altos, irreversiblemente, el proceso liberatorio del alma  con la desencarnación".
Con esas palabras, André está afirmando que, habiendo  una lesión irreversible en una región del sistema nervioso central, ocurrirá el desligamiento de las regiones del cuerpo espiritual correspondientes  a la zona afectada del cuerpo físico, y si la región lesionada correspondiera a niveles más altos, esto es, a regiones más próximas del cerebro, ocurrirá el proceso liberatorio del alma. Ahora, si la lesión irreversible afecta el propio encéfalo, que es el centro regulador de la vida, el desprendimiento del alma  se hará de forma automática.)
De un modo general en el proceso de desprendimiento, una vez que ha muerto, el Espíritu  continúa ligado  al cuerpo  cuando son en él muy fuertes las impresiones  de la existencia física. Los individuos materialistas quedan retenidos por más tiempo, hasta que la impregnación fluídica animalizada de que se revisten sea reducida  a niveles compatibles con el desligamiento. Esa demora en el desprendimiento es, sin embargo, necesaria, para que el que ha desencarnado tenga menos dificultades para ajustarse a las realidades espirituales.
El desprendimiento comienza por las extremidades y se va completando en la medida en que son desligados los lazos fluidicos, que prenden al Espíritu al cuerpo. En el libro "Obreros de la Vida Eterna" cap. XIII, el Instructor Jerónimo informa  que hay tres regiones orgánicas fundamentales que demandan extremo cuidado en los servicios de liberación del alma: el centro vegetativo, ligado al vientre, como sede de las manifestaciones fisiológicas; el centro emocional, zona de los sentimientos y deseos, situado en el tórax, y el centro mental, situado en el cerebro. Ese fue el  orden  en como el actuó para facilitar el desprendimientos de Dimas, descrito en el referido libro.
La oración es muy útil en el desprendimiento del espíritu. Allan Kardec relata en el libro "El Cielo  y el Infierno" el caso Augusto Michel, ocurrido en 1863, el cual pidió a un médium fuese hasta el cementerio a orar en su túmulo. El espíritu de Augusto Michel suplicó tanto, que el médium atendió y, en el propio cementerio, él se comunicó agradecido, aliviado por la constricción que lo ,antenía  preso al cuerpo. Al comentar el caso, Kardec indaga si la costumbre casi general de orar  al pie de los difuntos no provendría de la intuición inconsciente que se tiene de ese efecto.
Es normal la perturbación  que sigue después de la muerte en un caso normal (Ernesto Bozzano, en su libro "La Crisis de la Muerte", después de examinar 18 casos científicamente documentados, sobre las fases del fenómeno de la muerte, enumera en 12 puntos sus conclusiones. De entre ellos, destacamos los siguientes: a) todos afirmaron  haber ignorado, durante algún tiempo, que estaban muertos; b) casi todos pasaron por una fase más o menos larga de "sueño reparador"; c) los Espíritus de los muertos gravitan fatalmente  y automáticamente para la esfera  espiritual que les conviene, por virtud de la "ley de afinidad".
León Denis, en su libro "Después de la Muerte", explica que la separación del alma del cuerpo es seguida por un periodo de perturbación. Ese tiempo es breve para el espíritu justo y bueno, que luego se separa con todos los esplendores de la vida celeste, más es muy largo, algunas veces durando años enteros, para las almas culpables, impregnadas  de groseros fluidos.
La perturbación que se sigue al momento de la muerte es tratada minuciosamente en los ítems 149 a 165 de "El Libro de los Espíritus" .  El estado de perturbación es un hecho natural en todos nosotros y varía de acuerdo con el grado de elevación moral del que desencarna (LE., 163 y 164)
Cremación
(La incineración de los cadáveres humanos remonta  a la antigüedad. En la Edad  de Hierro  ya existían las necrópolis de incineración, como los "campos de urnas" de Alpiarça, atribuidos  a la época celtica, y la necrópolis de Alcacer del Sal, 300 años a. C. La cremación constituía  una regla en la Grecia primitiva y entre los romanos  y aun hoy es costumbre en varias regiones del mundo, como la India  y Portugal.
La Iglesia en los principios del Cristianismo, prohibía la cremación, y el clero romano la condena hasta en los días actuales, ciertamente por coherencia con el dogma  de resurrección de los cuerpos, definido en  el 40 Concilio de Letrán  y se confirmó en el 11 Concilio de Toledo, realizado en 675.
El Código del Derecho Canónigo establece en el Canón 1240, 50, estar privados de sepultura eclesiástica los que mandaran, antes de morir, quemar su cuerpo, además  no tendrán derecho a ninguna misa funeral, y a ningún otro oficio fúnebre.)
(Fue en 1774 que se inició el pro-cremación, iniciado por el abad Piattoli Scipion, que se expandió por Suiza, Alemania, Inglaterra, Francia, etc. En Francia, una ley de 1886 garantiza el derecho a elegir para el entierro o la cremación.
En el campo económico, la ventajas de la incineración es evidente. Las dispensas del funeral serian reducidas enormemente. El espacio fisico destinado a los cementerios no seria necesario. En vez de mausoleos, una urna pequeña resolvería el problema.
En el aspecto higiénico, o sanitario, es la solución ideal. Algunos científicos opinan  por la incineración obligatoria en casos de muerte  por causas contagiosas, como el tifus, viruela, escarlatina (dolencia infecciosa aguda, caracterizada por fiebre, erupción de pequeños puntos rojos y descamación en largas placas) y otras. En las epidemias, sólo el fuego puede  realizar un saneamiento   en regla.)
Una de las desventajas  de la cremación de los cadáveres está en el campo jurídico, pues existen algunos argumentos  contrarios a la cremación, ya que destruido el cadáver, la cremación impediría cualquier verificación post – morten que se hiciese necesaria.
En el aspecto espiritual León Denis anota una desventaja, pues que, en general, la cremación provoca desprendimiento más rápido, más brusco y violento de la entidad que desencarna, siendo aun mismo doloroso para el alma apegada a la Tierra. Determinados Espíritus permanecen algún tiempo imantados al cuerpo material después del trance de la muerte, como acontece principalmente  con los suicidas.
El rompimiento del cordón fluídico no siempre se consuma en un corto espacio de tiempo. En esas condiciones,  el desencarnado es como si fuese un muerto vivo cuya percepción sensorial, para su desventura, continua presente y actuante. La cremación vendría  a causarle un angustiante trauma, lo que sería "aumentar la aflicción al afligido".
La posición espirita  sobre la cremación de cadáveres (Más Alla de la posición, ya vista, de León Denis, lo que existe  son posiciones  esparcidas.  Richard Simonetti entiende que, aunque el cadáver  no transmita sensaciones al espíritu, éste experimentará obviamente "impresiones extremamente desagradables" si en el acto crematorio la entidad estuviera aun ligada al cuerpo.

Paul Bodier haya que "la incineración, tal como se practica entre nosotros, es, con efecto, por demás prematura" . Tal vez, por eso el entierro debe ser el proceso normal, sólo quemándose los cadáveres con señales evidentes de putrefacción.
Emmanuel esclarece, a través de Chico Xavier, que "la cremación es legítima para todos aquellos que la desean, desde que haya un periodo de, por lo menos, 72 horas de expectación para el hecho en cualquier horno de cremación". (Vea "Pinga-Fogo en la TV Tupi- SP", Realizado en 1971.)
Allan Kardec, de lo que nos consta, no cuidó específicamente del asunto, lo que equivale a decir que la Doctrina Espirita no tiene una posición firmada sobre la cremación de cadáveres.)
Donación de órganos
Este asunto  no fue, evidentemente, tratado por Kardec, más el Dr. Jorge Andrea, en su libro "Psicología Espirita", págs. 42 y 43, examinando el tema, asevera que no hay ninguna duda de que, en las condiciones actuales de la vida en que nos encontramos, los trasplantes deben ser utilizados. "La conquista de la ciencia es fuerza cósmica positiva que no debe ser  relegada a posición secundaria por asuntos religiosos. Por eso, llegará el día en el que podremos evaluar hasta que punto las influencias espirituales se encuentran en esos mecanismos, a fin de que las intervenciones sean coronadas  de éxito y pleno entendimiento".
Preguntaron a Chico Xavier si los Espíritus consideran los trasplantes de órganos una práctica contraria a las leyes naturales. Chico respondió ("Entrevistas"): "No. Ellos dicen que así  como nosotros aprovechamos  una pieza de ropa  que no tiene utilidad  para determinado amigo, y ese amigo, considerando nuestra penuria material, nos cede esa pieza de ropa, es muy natural, que al despojarnos del cuerpo físico, donemos los órganos a compañeros necesitados de ellos, que puedan utilizarlos  con seguridad y provecho".)
Todos podemos donar nuestros órganos. La extracción de un órgano no produce reflejos traumatizantes  en el periespiritu del donador. Lo que lesiona el periespiritu, que es nuestro cuerpo espiritual, son las actitudes incorrectas perpetradas por el individuo, y no lo que es hecho a él o a su cuerpo por otras personas. Más allá  de eso,  el donador desencarnado es, muchas veces, beneficiado por las oraciones y por las vibraciones de gratitud  y cariño por parte del receptor y de su familia. La integridad, pues, del periespiritu está íntimamente relacionada  con la vida que llevamos y no con el tipo de muerte que sufrimos o con el destino de nuestros despojos.
Hay casos, no en tanto, que la donación  o extracción de órganos no se recomienda. El día 6 de febrero de 1996, atendimos a un Espíritu en sufrimiento, que recibiera el corazón de un joven muerto en un accidente, el cual, sin haber comprendido que desencarnara, lo atormentaba en el plano espiritual, reclamando  que se le devolviera el corazón. Curiosamente, el Espíritu que recibiera el órgano sabía que estaba desencarnado y recordaba hasta haber donado las córneas  a otra persona.
Indagaron a Chico Xavier: ¿"Chico, usted cree que el espirita debe donar sus córneas? ¿No habría en ese caso repercusiones para el lado del periespiritu, una vez que ellas deben ser retiradas momentos, después  de la desencarnación del individuo? El bondadoso médium minero respondió: ("Hoja espirita", nov./82, apud "Chico, de Francisco", pág. 84): "Siempre que la persona cultive desinterés absoluto en todo aquello que ella cede para alguien, sin preguntar al beneficiado lo que hace de la pieza recibida, sin desear cualquier remuneración, sin aguardar gratitud alguna, esto es, si la persona llegó a un punto de evolución en la que la noción de posesión no le preocupa esta criatura está en condiciones de dar  porque no va afectar el periespiritu en cosa alguna. En el caso contrario, si la persona se siente perjudicada por eso o por aquello en el curso de la vida, o tenga recelo de perder utilidades que juzga pertenecerle, esta criatura tiene la mente vinculada al apego  a determinadas ventajas de la existencia y con certeza, después de la muerte del cuerpo, se inclinará para reclamaciones, de forma, generando perturbación en su propio campo intimo. Si la persona tuviera cualquier apego a la posesión, inclusive de los objetos, de las propiedades, de los afectos, ella no debe dar, porque ella se perturbará".) 
Años después de esa respuesta, se registró el caso Waldimir, el joven suicida que fue aliviado en sus sufrimientos post-morten gracias a las oraciones provenientes de la donación de córneas por ella hecha, mostrando que, aun mismo en las muertes traumáticas como esa, la caridad de la donación, cuando es practicada por el propio desencarnado, es largamente compensada por las leyes de Dios. (El caso Waldimir es narrado en el libro  "¿Quién tiene miedo a la muerte?", de Richard Simonetti.)
Extraído de la revista El Consolador, traducido al español por M. C R
  Sobre problema de rejeição, ver:
  *  Estudio publicado na revista "New England Journal of Medicine", a respeito de doação entre cônjuges, apud SEI, pág. 2, de 3 de fevereiro de 1996;
  * estudo feito em Juiz de Fora, pág. 3, item II, que arrola 4 possíveis causas.


sábado, 8 de septiembre de 2012

CIENTIFICOS RUSOS BUSCAN CONTACTOS CON OTROS MUNDOS


 
Confirma la ciencia la teoría espírita de la pluralidad de los mundos habitados - Informaciones de la Agencia Tass

La doctrina espírita de la pluralidad de los mundos habitados, establecida en el "Libro de los Espíritus", de Allan Kardec, y posteriormente desarrolladas en las obras de la Codificación Doctrinaria, así como en la famosa obra de Camille Flammarion al respecto, ya tiene hoy la aprobación de la ciencia astronómica. No se trata de una suposición más, de un sueño, o de una simple deducción lógica. Las pruebas de la existencia de vida en otros planetas se acumularon de tal manera, que los grandes centros científicos del mundo ya disponen de laboratorios especiales de astrobiología, o sea, de una nueva rama de la biología, dedicada al estudio de las formas de vida en los planetas. Rusia y Estados Unidos son los países que están en la vanguardia de esa investigación.

Sin embargo, las criaturas obstinadas, continúan dudando de la existencia de vida superior en los demás planetas, como si nuestro pequeñito grano de arena, perdido en la inmensidad, fuera el único punto cósmico favorecido por la inteligencia.

Mientras no vean a un extraterrestre descender a la Tierra, pisar nuestro suelo y hablar con nosotros, sostendrán que sólo existen vegetales y animales en la inmensidad cósmica. Esto me hace acordar una frase de Monteiro Lobato: "Somos como el gusano de la guayaba que negaba la existencia de otros bichos en los demás frutos de la guayabera".

No obstante, la propia ciencia soviética, tan orgullosa de su "superioridad materialista", ya reconoce la posibilidad, y más que eso, acepta los indicios de la existencia de vida humana fuera de la Tierra, y va más lejos, buscando establecer contacto con otros mundos habitados.

A mediados de septiembre último, la Agencia Tass transmitió desde Moscú, una importante noticia acerca de ese esfuerzo de la ciencia soviética, noticia que fue retransmitida por la France Press y publicada en toda nuestra prensa diaria.

 Decía nada menos que esto: los físicos rusos, Wladimir Kotelnikov, Vassili Troizly y Vladimir Siforov propusieron la construcción de una potente emisora radiofónica para exploración cósmica, con la finalidad de entrar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Según esos físicos, existen emisoras cósmicas irradiando hacia la Tierra, con la espantosa potencia de un millón de kilowatios.

 Acentúa la noticia: "Creen ellos que, explorando sistemáticamente durante un año, cada sector del cielo, podrán captar señales de hombres de otros planetas, hasta una distancia comprendida entre quinientos a mil años luz".

El establecimiento de ese contacto, y de otras formas de contacto que fatalmente vendrán, probará al hombre de la tierra, - "ese bicho de la tierra, tan pequeño", según la expresión de Camóes, – aquello que el Espiritismo viene afirmando hace más de un siglo, o sea: que nuestra pobre humanidad terrena es sólo un grupito de la inmensa Humanidad Cósmica.

Esto podrá herir el orgullo fútil dealgunas personas, que creen ser muy importantes en el orden de las cosas, pero también ayudará a la humildad de los que saben, como Sócrates, que el verdadero sabio es aquel que "sabe que nada sabe". ¡Y aún hay tanta gente agitando día y noche contra el Espiritismo, defendiendo principios sectarios o prejuicios absurdos, consecuencia de la ceguera y de la vanidad de aquellos bichos de la guayaba, que confirman la expresión camoniana!

J. HERCULANO PIRES

Manifestaciones físicas, mesas giratorias




60. Se da el nombre de manifestaciones físicas a las que se traducen por efectos sensibles, tales como los ruidos, el movimiento y la traslación de los cuerpos sólidos. Los unos son espontáneos, esto es, independientes de toda voluntad; los otros pueden ser provocados. Primero hablaremos de estos últimos. El efecto más sencillo, y uno de los primeros que se han observado, consiste en el movimiento circular impreso a una mesa. Este efecto se produce igualmente con todos los objetos; pero habiéndose practicado más con la mesa esta clase de ejercicios, porque era el más cómodo, el nombre de "mesas giratorias" ha prevalecido para designar esta clase de fenómenos.

 Cuando decimos que este efecto es uno de los primeros que se han observado, nos referimos a estos últimos tiempos, porque se sabe que todos los géneros de manifestaciones han sido conocidos desde los tiempos más remotos, y no puede ser de otra manera; pues siendo efectos naturales, han debido producirse en todas épocas.

 Tertuliano habla en términos explícitos de las mesas giratorias y parlantes. Este fenómeno, durante algún tiempo, ha alimentado la curiosidad de los salones; después se ha dejado por otras distracciones porque no era más que un objeto de distracción. Dos causas han contribuido al abandono de las mesas giratorias: la moda para las gentes frívolas que raramente consagran dos inviernos a la misma diversión, siendo prodigioso el que hayan empleado en este tres o cuatro. Para las gentes graves y observadoras ha salido de ella alguna cosa seria que ha prevalecido; si abandonaron las mesas giratorias fue para ocuparse de las consecuencias mucho más importantes en sus resultados: han dejado el alfabeto por la ciencia: he aquí todo el secreto de este abandono aparente que tanta algazara ha movido entre los burlones. Sea de ello lo que quiera, las mesas giratorias no dejan de ser el punto de partida de la Doctrina Espírita, y bajo este título les debemos algún desarrollo, tanto más que presentando los fenómenos en su mayor sencillez, el estudio de las causas será mucho más fácil, y una vez establecida la teoría, nos dará la llave de los efectos más complicados.

61. Para la producción del fenómeno es necesaria la intervención de una o muchas personas dotadas de una aptitud especial que se designan bajo el nombre de médiums. El número de los que cooperan es indiferente, a no ser que en la cantidad pueden encontrarse algunos médiums desconocidos. En cuanto a aquellos cuya mediumnidad es nula, su presencia es de ningún resultado y aún más nociva que útil, por la disposición de espíritu que traen muchas veces. Los médiums poseen, bajo este aspecto, un poder más o menos grande, y producen, por consecuencia, efectos más o menos pronunciados; muchas veces una persona, médium poderoso, producirá por sí sola mucho más que otras veinte reunidas; le bastará colocar las manos sobre la mesa para que al instante se mueva, se levante, se caiga, dé saltitos o gire con violencia.

62. No hay ningún indicio de la facultad mediúmnica; la experiencia sólo puede hacerla conocer. Cuando en una reunión se quiere ensayar, es preciso sentarse simplemente alrededor de una mesa y colocar las manos extendidas encima, sin presión ni contracción muscular. Al principio, como se ignoraban las causas del fenómeno, se indicaron muchas precauciones, reconocidas después absolutamente inútiles; tal es, por ejemplo, la alternativa de los sexos, y también el contacto de los dedos pequeños de las diferentes personas, formando una especie de cadena no interrumpida. Esta última precaución había parecido necesaria cuando se creía en la acción de una especie de corriente eléctrica; después la experiencia ha demostrado su inutilidad. La sola prescripción rigurosamente obligatoria es el recogimiento, un silencio absoluto, y sobre todo la paciencia, si el efecto se hace esperar. Puede ser que se produzca en algunos minutos, como puede tardar media hora o una; esto depende de la potencia mediúmnica de los cooperantes.

63. Decimos, además que la forma de la mesa, la sustancia de que está hecha, la presencia de los metales, de la seda, de los vestidos de los asistentes, los días, las horas, la obscuridad o la luz, etc., son tan indiferentes como la lluvia o el buen tiempo. Sólo el volumen de la mesa es de alguna importancia, pero únicamente en el caso de que la potencia mediúmnica fuese insuficiente para vencer la resistencia; en caso contrario una sola persona aun niño puede hacer levantar una mesa de cien kilogramos, mientras que con condiciones menos favorables, doce personas no harían mover el más pequeño velador. En este estado, cuando el efecto empieza a manifestarse, generalmente se oye un pequeño crujido en la mesa se siente como un estremecimiento que es el preludio del movimiento; parece que hace esfuerzos para destacarse; después se pronuncia el movimiento de rotación y se acelera hasta el punto de adquirir una rapidez tal que los asistentes casi no pueden seguirla. Una vez establecido el movimiento, pueden también separarse de la mesa, la que continúa moviéndose en diversos sentidos, sin contacto. En otras circunstancias la mesa se levanta y se endereza, tan pronto sobre un solo pie como sobre otro; después vuelve a tomar con suavidad su posición natural. Otras, veces se balancea imitando el movimiento de ondulación de un buque; otras, en fin, pero para esto es preciso una potencia mediúmnica considerable, se destaca enteramente del suelo y se mantiene en equilibrio en el espacio, sin punto de apoyo, levantándose también algunas veces hasta el techo, de modo que puede pasarse por debajo; después vuelve a descender lentamente, meciéndose como lo haría una hoja de papel, o bien cae violentamente y se rompe, lo que prueba de una manera patente, que uno no es juguete de una ilusión óptica.

64. Otro fenómeno que se produce muy a menudo, según la naturaleza del médium, es el de los golpes dados en el mismo tejido de la madera, sin ningún movimiento de la mesa; estos golpes, algunas veces muy débiles, otras veces bastante fuertes, se hacen oír igualmente en los otros muebles de la habitación, contra las puertas, las paredes y el techo. Luego volveremos a tratar de esto. Cuando han tenido lugar en la mesa, producen en ésta una vibración muy sensible para los dedos, y sobre todo muy clara cuando se aplica el oído.

Allan Kardec
Extraído del libro "Libro de los médiums"